Catedral Santander Cantabria

El gran templo de la villa marinera es la catedral de Santander, un conjunto monumental asentado sobre el lugar en el que originariamente se alzaba una pequeña abadía altomedieval, dedicada a los santos San Celedonio y San Emeterio, que adquirió el rango de colegiata en el año 1131. El edificio, promovido por el abad Juan Domínguez de Medina, consta de tres ámbitos espaciales claramente diferenciados, construidos a lo largo de los siglos XIII y XIV. El primero de ellos fue la iglesia baja, actual parroquia de El Cristo, un conjunto de tres naves separadas por pilares compuestos y cubiertos por bóvedas de crucería rebajadas, cuya edificación se inició hacia 1217. Bajo ella existen restos romanos visitables. A continuación, en torno a 1230, se erigió la iglesia alta, que hoy se corresponde con la Basílica Catedral. Detrás de ambas se ubica el tercer sector de los Santos Mártires: el claustro, que fue construido entre 1312 y 1341. Con el tiempo, el templo sufrió numerosas aportaciones y modificaciones (coro, altar del trascoro, capillas, nueva cabecera, puerta de acceso en el muro norte…) que alteraron su fisonomía original y que estuvieron orientadas, a partir del siglo XVIII, a la consecución de la sede del obispado, que finalmente fue adjudicada por el Papa Benedicto XIV en 1754. El incendio de Santander de 1941 afectó gravemente a la catedral, declarada Monumento Histórico Artístico en 1931. Su reconstrucción, inaugurada en 1953, estuvo a cargo de los arquitectos José Manuel Bringas Vega y Juan José Resines del Castillo, quienes ejecutaron un proyecto que mezclaba elementos góticos, clasicistas de tipo herreriano y barrocos. Después se han producido otras reformas y restauraciones en los años 1967 y 1990. En su interior acoge las reliquias de los Santos Mártires, en sendos bustos renacentistas de plata, así como un nutrido y variado grupo de piezas artísticas medievales, renacentistas, barrocas y contemporáneas, entre las que cabe destacar una pila hispanomusulmana del siglo XIII que, según la leyenda, fue traída a Santander por los marinos cántabros que tomaron parte en la conquista de Sevilla (1248) bajo el mando del almirante de Castilla Ramón Bonifaz, así como el monumento funerario de Marcelino Menéndez Pelayo, obra del autor Victorio Macho.